LA VIDA ES COMO EL PRIMER CUADRO DE UN CÓMIC
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es augurio de una larga y próspera vida.
Cuando comenzamos un empleo, un año escolar, una relación, y en general cualquier proyecto, es inevitable que nos sintamos hinchados de esperanza y optimismo, y que forjemos sobre éste todo tipo de expectativas. Es un mecanismo de la naturaleza humana que nos permite estar siempre en movimiento, avanzar, ir adelante.
No obstante, de una u otra forma siempre resulta que la realidad nunca está a la altura de nuestras expectativas, e invariablemente acabamos sintiéndonos defraudados y traicionados. Esto también es parte de la naturaleza humana. Un viejo proverbio dice que las expectativas son una desilusión en estado embrionario.
La solución a este problema, dicen los budistas, radica en abstenernos de tener expectativas sobre el porvenir. Tienen razón. La prueba está aquí mismo: aquellos que llegaron a este innombrable bló esperando encontrar alguna chispa de ingenio, en estos momentos, sintiéndose sumamente defraudados, estarán escupiendo en su monitor. En cambio, aquellos que llegaron sin esperar nada, nada obtuvieron (y por lo menos se ahorraron el coraje).
Conclusión: Los pousts zen tampoco me quedan bien.






